¡Y hay poetas que son artistas y trabajan sus versos como un carpintero las tablas!

lunes, 18 de mayo de 2009

Mayo negro


Recién pasamos la mitad del quinto mes del año, dicen que no hay quinto malo. Va! En mi caso, éste quinto mes ha sido horrible. Mueren: el gran Antonio Vega, Frodo, mi chihuahaua que hubiese podido llevar y traer el anillo por toda la tierra media, una pérdida irreparable, y ahora, el Poeta uruguayo que escribía canciones para los corazones y las naciones: Mario Benedetti.


Le pido a mayo que se largue sin arrebatarnos a los pocos seres que valen penas en el mundo.


*No pretendo herir a nadie agregando a Frodo a la lista de héroes caídos. Pero, es mi lista, no?

Que cada uno haga con su dolor una corona.

viernes, 15 de mayo de 2009

Antología de Poesía de Sinaloa




Veintiún voces representativas del estado de Sinaloa convergen en esta muestra poética para poner de manifiesto que el hombre siempre vuelve a su origen, que no puede deshabitar su cuerpo ni navegar los mares del silencio. El poeta se aferra a la palabra y en el interior de ella se recrea. Los temas de esta antología se alejan del regionalismo y abordan la universalidad del amor, la muerte, la soledad, el erotismo sentidos con la violencia y el ardor de quienes palpan el mundo a través del lenguaje, porque sólo aquello que se nombra existe. Permanencia del relámpago recoge el canto de poetas contemporáneos y los reúne en estas páginas para que dialoguen entre sí, pues desde una misma región, cada uno experimenta la contemplación del mundo a su manera.
Daniela Camacho
El poeta Leonel Rodríguez dice en un texto para el blog www.poesiaensinaloa.blogspot.com:
Se sabe que Sinaloa ha sido cuna de hombres importantes para la vida nacional. Aquí nacieron o se criaron muchos poetas. En el primer caso tenemos al Contemporáneo Gilberto Owen, quien nació en El Rosario y ramificó su talento en el centro del país y en el extranjero. En el segundo caso está Enrique González Martínez, nacido en Guadalajara, que llegó a Sinaloa de Leyva cuando tenía 25 años y se casó, tuvo hijos (entre ellos, el también poeta Enrique González Rojo), escribió Preludios (publicado en Mazatlán por la Imprenta Retes) y después, reubicado en Mocorito, Lirismos, Silénter y Los senderos ocultos; ahí mismo se asoció con Sixto Osuna para formar la revista Arte.
Podemos decir que nuestro estado es tierra que da escritores de calidad, a un buen ritmo, como si fueran matas de otra yerba. Pero Sinaloa no es una tierra que acoja los libros. Aquí simplemente no hay libros. Ni siquiera los que escriben los sinaloenses.

martes, 12 de mayo de 2009

Abria la boca y eran ángeles

Antonio Vega (1957-2009)

El mundo perdió a un grande, me duele como pocas pérdidas la termprana partida de Toño, que en muchas ocacaciones me acompañó en borracheras, tertulias, conquistas, cigarrillos y poemas.
No hubo tiempo de escucharle la canción que no había imaginado, por que la agonía fue muy corta, no hubo tiempo de escribir el acorde del dolor de la premuerte, no hubo tiempo de un último gramo. Nos faltó Toño que el tiempo no te perdiera el respeto, que Dios, te escuchara más allá de la Nacha Pop, leyera sin música el poema de El sitio de mi recreo.
El mundo perdió a Antonio Vega, la música perdió un pilar, el pop perdió a un verdadero artísta,
yo, solo pierdo futuras canciones.

Ciao Toño. Tu guitarra sonará siempre en mi corazón y el de mi hijo, y de su hijo y sus hijos.



http://www.youtube.com/watch?v=g1VoZV0KKrE

viernes, 24 de abril de 2009

Versos sobre mi familia

Ensayo sobre mi padre

Cuando veo a mi padre
No puedo evitar pensar
en la alameda que nos lleva al pueblo.

¡Invencible!

¡Mi padre es una nación!,
una suma interminable
de victorias y derrotas
en un lúdico equilibrio.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Algunos días amanezco con un
pezón sobre la mano derecha,
otros días despierto soñándolo,
siempre su sabor en los labios.

jueves, 3 de abril de 2008

Como dos extraños

alguna vez amé a una mujer que no existe:

Tan distinto es el amor,
cuando lo que se ama es un caldo
que derrama una vasija impalpable.

Ahora que me dejen tranquilo
los fantasmas, tus ojos,
el manantial de luz que exhalas.

Que distinto el amor, que diferente,
cuando no tengo ganas de matarte,
que no ahondo la mano para acariciarte
la hendidura húmeda e infinita.

sábado, 15 de marzo de 2008

Nadie lo pudo decir mejor...

No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias
o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue —y no otra— la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres.

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
“¡María Luisa! ¡María Luisa!”... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando,
las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes
la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo

jueves, 14 de febrero de 2008

Deseo sinceramente, que hoy día de San Marketín, el consumismo asumido como sentimentalismo, me traiga consigo una noche de sexo consiente, no escrito, de pausas y arrebatos, una noche donde se caliente el aire de la habitación con la suma de las respiraciones, un sexo limpio, sincero, no amor, sexo, carne entregada a la brasa misma del deseo.
Ancío una mujer que bese, con los labios y el cuerpo, que muerda con sus manos mi maltratado armazón, que suba baje y se detenga, una mujer que se desnude y se vista de morbo, que me deje cerrar los ojos cuando la bese, una con medias de miel tibia.
Declaro mi cinismo, mi afición por el cuerpo de mujer, mi talento para desifrar constelaciones de lunares y pecas. Aquí una muestra de lo que en esas noches uno alcanza a VIVIR.

¡Ah!
El ángulo vivo.
Rosada estrella
centrosur de tu universo.

Geometría caprichosa,
justas prominencias,
líneas con las que destrozas
toda categoría de espacio.

¡Ah!
El ritmo lunar de tus respiraciones,
tonada redentora que empieza
donde termina tu voz.

Ciencia oculta tus eléctricas formas,
labios entreabiertos,
se acelera la luz y estalla.

Húmedo misterio,
embriaguez esta urgencia
de profanar cada temblor
de la cálida carne.

viernes, 25 de enero de 2008

Uno

Sol y Mar se encuentran,
reconocen, se pentran formando uno:
La Noche.

Dos

¡He aquí que soy el oscurísimo azul
donde se encienden las estrellas!
y es por mí, que las lámparas existen,
y que las amantes
¡Todas!
prefieren la noche para ser poseídas.

martes, 22 de enero de 2008

Que bello es empujar mi cuerpo contra el tuyo,
desguarnecidos
bajo árboles y estrellas,

aguijonear con luz la espesa negrura de tu páramo,
y entre susurros,
escuchar el morbo de los grillos,

todos tus dedos en mi espalda
¡ah! el viento que no sopla, deposita,
lentamente las hojas sobre el suelo.

Que bella es la muerte escondida
tras tu pelo, nos ve y sufre
larga y sucesivamente.

Que bello es desprender mi cuerpo del tuyo,
tenderme a tu lado, desde donde soy
la miserable sombra de una roca.